viernes, 29 de diciembre de 2017

La correspondencia de España 20 de enero 1883

Entre las personas agraciadas con motivo
 del santo de S. M. el Rey Alfonso XII, figuran en
la Gaceta de ayer, condecorados, los
distinguidos poetas D. Eugenio Selles,
D. Ceferino Palencia, D. Nicolás Taboada y D. José Velarde


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miércoles, 27 de diciembre de 2017

Ruben Darío y Velarde

Anales de Literatura Hispanoamericana
Sergio Macías Brevis

Para un estudio del tema de lo oriental y en especial de la presencia árabe en la obra de Rubén Darío, hay que abordar puntos fundamentales como la formación cultural del nicaragüense a través de sus primeras lecturas.

El propio poeta confiesa que sus primeras lecturas: «Eran un Quijote, las obras de Moratín, Las Mil y una noches, la Biblia. Y en la Biblioteca Nacional las principales obras de casi todos los clásicos de nuestra lengua. En cuanto a las personas que le ayudaron en la selección de lecturas, fueron Fernando Velarde, Antonino Aragón y José Velarde.
Este último le deja profundas huellas también en el ámbito morisco, como con La venganza y La odalisca. Darío parece referirse a esas poesías caballerescas y moriscas de José Velarde:

Cuentos dulces, cuentos bravos,
de damas y caballeros,
de cantores y guerreros,
de señores y esclavos;
de bosques escandinavos
y alcázares de cristal;
cuentos de dicha inmortal,
divinos cuentos de amores
que revisten de colores
la fantasía Oriental

Esta informacion fue sacada de este enlace

martes, 27 de junio de 2017

Cantares

Carmen
Cantares

I

Lo mismo que por los vinos
Por los hombres pasa el tiempo;
Haciendo más agrio al malo
Y más generoso el bueno.

II

Ha unido con tanta fuerza
El amor nuestras dos almas,
Que ni el cielo desunirlas
Pudiera sin desgarrarlas.

III

Es tan pura, tan hermosa,
Tan angelical, que sueño
Que alas tiene y se me escapa
De los brazos a los cielos.

III

En mi delirio creía
Que el cielo estaba celoso
Del amor que me tenía.

José Velarde

En la Ilustración Española y Americana del día 30 junio 1884

sábado, 4 de febrero de 2017

José Velarde en la Real Biblioteca

Copias de los dos tomos que existen en la Real Biblioteca dedicados por Velarde
El tomo primero esta dedicado a la Reina Regente y dice: A S. M. La Reina Regente Dña. María Cristina testimonio de respeto y gratitud de José Velarde. Madrid 11 Marzo de 1886
El tomo segundo se lo dedica a la Infanta y dice: A S. A. R. La Exma. Dña. Isabel de Borbón Infanta de España en testimonio de adhesión José Velarde

Los libros y manuscrito que existen en la Real Biblioteca son: Obras poéticas Tomos I y II, Voces del Alma, El Año Campestre - poema -, La niña de Gómez Arias : leyenda ; La inundación : canto, Teodomiro o La cueva del Cristo : : Leyenda, Nuevas poesías, y el manuscrito Patria.
El enlace de la Real Biblioteca, donde se ve todo lo que existe de José Velarde es este 

jueves, 27 de octubre de 2016

1ª Carta de Agustín hijo de Velarde a Luis Montoto

Señor Don Luis Montoto.
          Mi respetable y distinguido amigo: Por encargo de mi madre a Viuda de poeta Velarde le pongo estos renglones, pues ella no puede hacerlo porque lleva tres meses bastante delicada de salud, para rogarle muy encarecidamente tenga la bondad de decirnos si tiene terminado el trabajo sobre la biografía de mi padre (q.e.p.d.)
          Como hace bastantes meses que se le remitió a V. cuantos datos reunimos para ello y nada ha contestado, nos permitimos ponerle esta carta.
          Mucho le agradeceremos a V. tenga la bondad de hacerlo cuanto antes pues no falta nada mas que eso para hacer la nueva edición completa que ya tenemos preparada.
          Perdone las molestias que le ocasionamos y que solo hacemos fundados en la buena y verdadera amistad que le unía con mi padre y V. sabe que puede contar incondicionalmente con su afmo. amigo y admirador

Agustín Velarde y Castro
9-Enero-913
S/C. Madera-29 pral -Madrid-

miércoles, 31 de agosto de 2016

El último beso


Carrillo del pozo en c/ Hospital

AL EMINENTE PINTOR SEVILLANO DON JOSÉ VILLEGAS

INTRODUCCIÓN


Cuando el pesar me acongoja,
O la duda me atormenta,
O en mi corazón la envidia
Hiel escupe y le envenena,

En vez de romper en llanto,
En invectivas o en quejas,
Me refugio en mis memorias
O en mis sueños de poeta.

domingo, 3 de julio de 2016

A mi amigo el poeta José Velarde

Juan Pedro Narvaez
A mi amigo el poeta José Velarde

Feliz te escribo, de mi dicha cierto,
Al arribar, al fin, ¡Oh dulce amigo!
Del santo hogar al suspirado puerto.

En él mi suerte está; yo lo bendigo:
¡Bien hallada la costa que me espera
Brindándome al llegar calma y abrigo,

Para formar mi nido en su ribera,
Como el ave en la selva florecida,
Al lado de mi dulce compañera,

Ya tiene empleo mi agitada vida
En la paz de este hogar; paz venturosa,
Cuanto más ignorada, más querida;

Donde el cansado espíritu reposa
Sin la sed de ambición rebelde y brava
Que en la lucha del siglo nos acosa.

Rompa el orgullo del deber la traba
Y arrastre al hombre con soberbio anhelo
Por una senda , del error esclava,

Virtudes Roldan Muñoz

Poesía a José Velarde.


Escribir a un gran poeta

No es nada inteligente,

Es un error que se comete

Muy frecuentemente.

Escribir a contra reloj

Cuando los versos de Velarde

Juegan al corro en mis sienes,

No dejan a la razón 

escribir a quien bien merece.

Velarde no quiso

Maletín ni bisturí,

El prefirió la pluma de escritor

Y perderse en las palabras.




martes, 21 de junio de 2016

Alegría (Completa)

AL INSIGNE ESCRITOR
D. ANTONIO CÁNOVAS DEL CASTILLO

INTRODUCCIÓN

La Marcha                        
Se publicó en La Ilustración Española y Americana el 30 de octubre de 1886
I

Tanto la carretera polvorosa
por el llano a lo lejos se alargaba,
que, más que a pie, se hacia fatigosa
al ánimo de aquel que la miraba.
- ¡Adelante, muchachos, adelante! _
Caminando por ella, repetía,
volviendo atrás la cara, un comandante
al medio batallón que le seguía,
despeado y el pecho jadeante.

II

Ni un árbol, ni una fuente
que alivien del soldado la jornada
en aquella marisma, solamente
de sosas y de almajos salpicada.
En vano buscan los heridos ojos
donde llevar la vista fatigada;
sólo la animan los flamencos rojos
que al paso de la tropa se alzan luego,
y a la laguna salitrosa parten,
semejando al volar cruces de fuego.